WHEELING, West Virginia (OSV News) — “Me presento ante ustedes como su hermano y pastor”, dijo el obispo Evelio Menjívar-Ayala a los católicos de West Virginia durante su instalación como décimo obispo de la Diócesis de Wheeling-Charleston, el 2 de julio.
Al invitarlos a unirse a él para edificar la Iglesia en el “Estado de la Montaña”, expresó: “Sigamos siendo una Iglesia que se asemeje al corazón de Jesús”.
Los fieles abarrotaron la catedral de St. Joseph en Wheeling para la Misa de esa tarde, así como las áreas habilitadas en la escuela secundaria Central Catholic High School y en la sede diocesana contigua, donde siguieron la transmisión en vivo de la celebración.
La Misa también se emitió en directo por EWTN, con la concelebración de más de 100 sacerdotes y la participación destacada de 35 obispos y obispos electos junto al cardenal Robert W. McElroy, de Washington; el cardenal Wilton D. Gregory, arzobispo emérito de Washington; el cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar emérito de San Salvador; y el obispo emérito Mark E. Brennan, de Wheeling-Charleston.
Los arzobispos Caccia y Lori, concelebrantes principales
Junto al obispo Menjívar, actuaron como celebrantes principales el arzobispo Gabriele G. Caccia, nuncio apostólico en los Estados Unidos, y el arzobispo William E. Lori, de Baltimore.
La celebración comenzó en el exterior de la catedral cuando el obispo Menjívar, ante la mirada del clero y los fieles, llamó a las puertas del templo, las cuales fueron abiertas por el obispo Brennan. Al entrar, el obispo Menjívar besó un crucifijo colocado sobre un cojín de terciopelo rojo y bendijo con agua bendita los muros de la iglesia, así como al clero y a los fieles presentes tanto dentro como fuera del templo.
Tras la procesión de entrada, el arzobispo Lori expresó que todos los presentes daban gracias y alabanzas a Dios por sus abundantes bendiciones a esta Iglesia local.
“Nuestros corazones se llenan de gratitud por el ministerio fiel, celoso y vivificante del obispo Brennan durante estos últimos siete años”, afirmó el arzobispo Lori. Y el obispo Menjívar, continuó el arzobispo, llega como un pastor de gran corazón.
‘Agradecidos a Dios’ por la toma de posesión del nuevo obispo
“Obispo Evelio, qué alegría y qué gratitud sentimos hacia Dios en este día de su toma de posesión”, dijo el arzobispo.
A continuación, el obispo Brennan dio la bienvenida a todos y presentó al arzobispo Caccia, quien pasó al frente para leer la carta apostólica de nombramiento (o bula papal) del Papa León XIV, mediante la cual se designaba al obispo Menjívar como obispo de Wheeling-Charleston.
“Es una gran alegría para mí estar hoy con ustedes y me complace, ante todo, transmitirles a todos la cercanía espiritual, el afecto y la bendición del Papa León XIV”, dijo. “Como representante del Santo Padre en los Estados Unidos, es un honor para mí acompañarlos mientras esta Iglesia local recibe a un nuevo pastor”.
Expresó su gratitud al obispo Brennan por sus años de servicio a la diócesis y felicitó al obispo Menjívar por su nombramiento episcopal.
Tras leer el decreto papal, el arzobispo Caccia se lo entregó al obispo Menjívar, quien lo mostró a los consultores diocesanos y a la congregación.
El báculo perteneció al tercer obispo de la diócesis
Una vez que tomó asiento en la cátedra, o silla episcopal, se le hizo entrega del báculo pastoral. El báculo que recibió había pertenecido al obispo Patrick J. Donahue, tercer obispo de Wheeling (1894-1922), quien fue un defensor de los trabajadores inmigrantes y abogó para que tengan un trato justo.
A continuación, el obispo Menjívar saludó a los representantes de organizaciones católicas y a los laicos, así como a los líderes ecuménicos.
El obispo Menjívar comenzó su homilía dando gracias a Dios por el don de su familia –muchos de cuyos miembros estaban presentes en la Misa–, por su fe, su vocación y su trayectoria migratoria, “que me permite estar hoy ante ustedes. En cada paso de este camino, el Señor resucitado ha caminado conmigo”
A lo largo de su homilía, el obispo Menjívar habló tanto en inglés como en español.
Haciendo referencia a la letra de la canción de John Denver “Take Me Home, Country Roads”, el obispo Menjívar dijo: “Hoy, West Virginia se siente verdaderamente como ‘casi el paraíso’, mientras la Iglesia se reúne en comunión con Cristo y entre sí”.
Las palabras de la canción, señaló, expresan algo profundamente arraigado en todo corazón humano: el anhelo de un hogar, el anhelo de pertenecer.
El deseo de pertenencia, entretejido en la experiencia estadounidense
“En muchos sentidos, el deseo de sentirse en casa y de pertenencia está entretejido en la experiencia estadounidense”, dijo el obispo. “Esto inspiró a generaciones de personas que dejaron sus tierras natales en busca de un lugar al que pudieran llamar hogar y se establecieron en estas montañas y valles, construyendo comunidades y pueblos hermosos y vibrantes en los Apalaches, creando una cultura rica y única marcada por una fe profunda, el trabajo arduo, una perseverancia inquebrantable y el apoyo y cuidado entre vecinos”.
“Los católicos realizaron enormes contribuciones en todos los ámbitos al progreso y crecimiento de West Virginia”, continuó. “No estuvieron exentos de adversidades, discriminación y prejuicios. Sin embargo, a lo largo de esas luchas, la Iglesia y sus pastores permanecieron a su lado, caminando con ellos, defendiendo la dignidad que Dios les otorgó y abogando por sus derechos”.
El obispo Menjívar expresó que se sentía especialmente orgulloso y honrado de portar el báculo del obispo Donahue aquel día.
“El propio obispo Donahue era un inmigrante llegado de Inglaterra y se convirtió en un defensor incansable de los trabajadores y trabajadoras, de los inmigrantes y de los pobres”, dijo. “Su testimonio ha sido también el del obispo Mark Brennan, a quien tengo el honor y la humildad de suceder”.
Trabajar incansablemente por una justicia arraigada en el Evangelio
Los obispos, sacerdotes y religiosas fieles, señaló, le recuerdan a los católicos que la Iglesia muestra su mejor rostro cuando acompaña a quienes viven en los márgenes, defendiendo la dignidad de toda persona humana y trabajando incansablemente por una justicia arraigada en el Evangelio de Jesucristo.
“Al conmemorar nuestra nación el 250º aniversario de su independencia, renovemos nuestro compromiso con estos valores, presentes en el ADN del pueblo estadounidense y plasmados en la verdad evidente sobre la que se fundó esta nación: que toda persona humana ha sido dotada por el Creador de una dignidad indiscutible y de los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”, afirmó el obispo Menjívar.
Expresó que su oración “es que caminemos juntos en el ministerio, no solo por los caminos rurales, sino por la senda del Evangelio”, y que hagamos de la diócesis y del estado un lugar donde todos se sientan en casa, sientan que pertenecen a la comunidad “y se sientan amados”.
La misión de los fieles es acompañar a todos
Esta misión, señaló, llama a los fieles a escuchar a los jóvenes, honrar y acompañar a los ancianos, apoyar a las familias que enfrentan dificultades económicas y a aquellas que cuidan de seres queridos que luchan contra adicciones, problemas de salud mental y otras cargas; a solidarizarse con los trabajadores, los inmigrantes y todos aquellos que se sienten invisibles, no escuchados u olvidados; a escuchar a quienes han sufrido abusos; y a apoyar a los padres en su esfuerzo por transmitir la fe a sus hijos.
“Hace más de 35 años, el Señor me trajo desde una tierra lejana –El Salvador, la tierra de San Óscar Romero– a este país” dijo el obispo Menjívar, antiguo obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Washington. “Jamás habría imaginado el camino que Él me estaba preparando. Sin embargo, ahora, al igual que Pedro en el Evangelio de hoy (Juan 21, 15-19), el Señor, en su misericordia y providencia, me confía un pueblo que yo no conocía, pero al que me pide amar como si fuera el mío propio. En el ministerio y en la Iglesia, todo comienza con el amor”.
La comunión que compartimos unos con otros debe nacer de este amor y estar arraigada en la comunión con el Señor, afirmó.
‘Sincero deseo’ de amar y servir
“Me presento ante ustedes como su hermano y pastor, no con todas las respuestas, sino con un sincero deseo de amarles y servirles lo mejor que pueda”, dijo el obispo Menjívar, añadiendo que se siente “pequeño ante la misión que se le ha confiado”.
Afirmó que encuentra consuelo en las oraciones que se ofrecen por él en cada Misa de la diócesis y sabe que su nueva misión “no puede llevarse a cabo en solitario”.
“Debemos caminar juntos. Los laicos, los diáconos, las mujeres y hombres consagrados, los sacerdotes, el personal de las parroquias y el personal de la curia desempeñan un papel esencial en la edificación de la Iglesia”, dijo. “En virtud de nuestro bautismo, todos somos discípulos misioneros y colaboradores en la viña. Los necesito a todos. Lo digo sinceramente: los necesito a todos”.
El obispo Menjívar concluyó su homilía diciendo: “Que el Sagrado Corazón de Jesús tenga misericordia de nosotros. Que la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, y San José, patrono de nuestra diócesis y protector de la Iglesia universal, intercedan siempre por nosotros. Amén”.
Tras la Misa, el obispo Menjívar salió al ambón exterior de la catedral e impartió la bendición a la multitud congregada abajo, que abarrotaba las calles circundantes al templo.
Disfrutando del momento, se tomó una “selfie” con sus hermanos obispos, sacerdotes, diáconos y los fieles que, desde la calle, le observaban y sonreían.
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Colleen Rowan es editora ejecutiva de The Catholic Spirit, el medio informativo de la Diócesis de Wheeling-Charleston. Este artículo fue publicado originalmente (en inglés) por The Catholic Spirit y se distribuye a través de una colaboración con OSV News.