El arzobispo Ronald A. Hicks celebra su primera Misa de Pascua en la Catedral de San Patricio
By: Fernanda Pierorazio
El domingo 5 de abril, solemnidad de Pascua, la Catedral de San Patricio acogió a una multitud de fieles para celebrar la Resurrección del Señor
En una catedral hermosamente decorada con abundantes flores blancas, rosas y púrpuras, signos visibles de la vida nueva que brota de la Resurrección, el arzobispo Ronald A. Hicks, celebró su primera Santa Misa del Domingo de Pascua.
La Santa Misa fue concelebrada por el padre Enrique Salvo, rector de la Catedral de San Patricio, y por monseñor Joseph Espaillat, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Nueva York, en una liturgia que estuvo marcada por la solemnidad y la alegría pascual.
Un signo elocuente de la universalidad de la Iglesia se manifestó en la proclamación de la segunda lectura, tomada de la carta del apóstol san Pablo a los colosenses, que fue leída en español, integrando así a la comunidad hispana en el anuncio del misterio pascual.
Al inicio de su homilía, el arzobispo Hicks se dirigió a los fieles en español con un saludo que expresó el corazón del mensaje cristiano: “Cristo ha resucitado. Aleluya, aleluya. Felices Pascuas a todos”. Luego, continuó en inglés con una reflexión centrada en la esperanza: “¿Qué es lo que más te ilusiona hoy, mañana, el mes que viene o el año que viene?”. Y añadió: “Esperamos con ilusión la vida eterna, que siempre nos la da nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.
Durante el Rito de la Comunión, el arzobispo volvió a emplear el español al proclamar: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, subrayando nuevamente la riqueza multicultural de la Iglesia.
Al concluir la Eucaristía, el arzobispo expresó su gratitud a los fieles por su participación fervorosa y el testimonio de fe ofrecido en esta jornada solemne. Asimismo, elevó un llamado a la paz en el mundo: “Felices Pascuas. Quiero agradecer a todos los que han hecho de esta celebración de la Resurrección de Nuestro Señor tan hermosa. Y ahora que tomamos caminos separados, recemos por la paz en el mundo, recemos unos por otros y mantengamos siempre la esperanza, mientras esperamos el mayor de los regalos: la vida eterna con nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.
De este modo, la celebración del Domingo de Pascua no solo recordó el misterio central de nuestra fe, la Resurrección del Señor, sino que también mostró la comunión viva de la Iglesia en la Arquidiócesis de Nueva York y renovó el compromiso pastoral del arzobispo de guiar a los fieles, con esperanza, hacia la plenitud de la vida nueva en Cristo.