El apóstol Pablo y las mujeres
By: Father William Arias
El padre William Arias, vicario de pastoral de la Arquidiócesis de Santiago de la República Dominicana, comparte una reflexión sobre los testimonios bíblicos que revelan la importancia que Pablo concedió a las mujeres en la expansión del cristianismo y en la vida de la Iglesia naciente
En otra ocasión he hablado, en este mismo espacio, de la percepción que hay de Pablo en cuanto a las mujeres, aclarando esa esgrima que se le hace de que él tenía miedo a las mujeres, cuándo en realidad no era así.
En esta ocasión, quisiera ampliar el tema yendo más allá de los textos que pueden utilizarse para esgrimir tal cosa (l Cor 14, 33b-35 y 1 Tim 2, 9-15), y ver lo que los Hechos de los Apóstoles nos dicen, en el hablar sobre su vida misionera, y viendo los escritos paulinos.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles aparecen varias mujeres relacionadas con la actividad misionera de Pablo. Algunas son colaboradoras, otras benefactoras, discípulas o personas que recibieron el Evangelio a través de su predicación. Un ejemplo es Lidia (Hch 16,11-15.40): considerada la primera convertida al cristianismo en Europa. Acogió a Pablo y a sus compañeros en su casa, que se convirtió en lugar de reunión de la comunidad.
Priscila (Hch 18, 2-3.18.26): junto con su esposo Aquila trabajó con Pablo y colaboró en la formación de Apolo. Damaris (Hch 17,34): creyó en el mensaje de Pablo después de su discurso en el Areópago.
Las mujeres distinguidas de Berea (Hch 17,12): varias mujeres influyentes aceptaron la fe predicada por Pablo.
Las mujeres distinguidas de Tesalónica (Hch 17, 4): algunas mujeres de posición social relevante se unieron a la comunidad cristiana.
Las cuatro hijas de Felipe (Hch 21,8-9): aunque no trabajaron directamente con Pablo, este convivió con ellas durante su viaje a Jerusalén.
Además, en Hechos se menciona con frecuencia que mujeres y hombres formaban parte de las nuevas comunidades fundadas por Pablo, lo que refleja la participación femenina en la expansión del cristianismo primitivo.
Entre todas ellas, las figuras más importantes vinculadas directamente a Pablo en Hechos son Lidia y Priscila, ya que aparecen como colaboradoras activas y un apoyo fundamental para la misión apostólica. Lidia representa la acogida de la fe en Europa, mientras que Priscila destaca como maestra y colaboradora en la evangelización.
En los escritos paulinos, es decir, en las cartas de Pablo, se mencionan varias mujeres que tuvieron un papel importante en las primeras comunidades cristianas. Algunas aparecen en las cartas auténticamente paulinas, escritas por el mismo Pablo en vida, y otras en las cartas deuteropaulinas o de tradición paulina, escritas por discípulos suyos tras la muerte de Pablo.
Entre las más destacadas
Febe (Rom 16,1-2): llamada diaconisa y colaboradora de muchos cristianos. Priscila (Rom 16,3-5: 1 Cor 16,19): junto con su esposo, Aquila, fue una de las colaboradoras más cercanas de Pablo. María (Rom 16,6): reconocida por su arduo trabajo en la comunidad. Junia (Rom 16,7): Pablo la menciona junto a Andrónico y la llama notable entre los apóstoles. Trifena y Trifosa (Rom 16,12): trabajadoras en el Señor. Perside (Rom 16,12): muy apreciada por Pablo por su labor. Julia (Rom 16,15): la cual menciona junto a su familia. La madre de Rufo (Rom 16,13):
Pablo la considera como una madre para él. Ninfa (Col 4,15): en cuya casa se reunía una comunidad cristiana. Evodia y Sintique (Fil 4,2-3): colaboradoras de Pablo en la evangelización. Loida y Eunice (2 Tim 1,5): alabadas por su fe y destacadas por transmitir la fe a Timoteo. Apfia (Flm 2): miembro de una iglesia doméstica.
Además, Pablo menciona a otras mujeres sin indicar su nombre, como la esposa creyente (1 Cor 7). Las mujeres que oran y profetizan en la asamblea (1 Cor 11). Las viudas de la comunidad (1 Tim 5).
Es interesante señalar que el capítulo 16 de Romanos contiene la mayor concentración de nombres femeninos del Nuevo Testamento, lo que muestra que muchas mujeres desempeñaban funciones de liderazgo, servicio, evangelización y acogida en las primeras comunidades cristianas.
Todo esto nos asevera la importancia que tenían las mujeres en las comunidades del apóstol y la misma importancia que él les dio, no solo como miembros de su comunidad, sino también como colaboradoras suyas en la tarea de anunciar el Evangelio.