¡He visto al Señor!

| 05/9/2024

By: Our Sunday Visitor

¿Cómo es posible que las personas que mejor conocían a Jesús, aquellos que estaban entre sus seguidores más cercanos, no lo reconocieran al verlo?

This is an American 18th century painting entitled "Christ on the Road to Emmaus," c, 1725/1730.
This is an American 18th century painting entitled "Christ on the Road to Emmaus," c, 1725/1730. (OSV News photo/courtesy National Gallery of Art)

Si hay algo que podemos aprender de aquellos que se encontraron con el Señor Resucitado durante los 40 días entre su Resurrección y Ascensión, es esto: Ver a Jesús no es lo mismo que reconocerlo. Para María Magdalena, que estaba angustiada junto al sepulcro, Cristo parecía ser el jardinero. Para los dos discípulos desilusionados en el camino a Emaús, Él era un desconocido aparentemente ignorante de lo que pasaba. Para los antiguos pescadores que regresaban a Galilea sin saber qué hacer a continuación, el Maestro era un hombre más, listo para preparar el desayuno en la orilla.

Los relatos del Evangelio pueden resultarnos extraños, incluso desconcertantes. Cuando leemos o escuchamos estas historias en Misa, inevitablemente nos preguntamos qué estaba pasando. ¿Cómo es posible que las personas que mejor conocían a Jesús, aquellos que estaban entre sus seguidores más cercanos, no lo reconocieran al verlo?

Pero antes de juzgar a los primeros cristianos, tal vez deberíamos preguntarnos: ¿Cuántas veces nosotros mismos vemos a Jesús y no lo reconocemos?

Según mi propia experiencia, me atrevería a decir que esto nos sucede infinitas veces. Gracias a mi fe, yo sé que Jesús cumple sus promesas, siempre está conmigo y nunca me abandona. Pero siendo sincera, la mayoría de los días no reconozco su presencia, ni siquiera durante la adoración o la Misa.

Sin embargo, el encuentro eucarístico en la adoración y la Misa puede enseñarnos a reconocer a Jesús y estar seguros de que es Él cuando lo vemos. El impacto de poder decir “He visto al Señor” es mucho más profundo que simplemente hacer una declaración de fe como “Creo en Dios” o “Sigo a Jesús”, o incluso “Soy católico”. Nos convierte en testigos mucho más convincentes.

La formación de fe que todos necesitamos se encuentra en la presencia del Señor en la Eucaristía. Al igual que los primeros discípulos, también llegamos a conocerlo “al partir el pan” (Lc 24, 35).

Esta “escuela de la Eucaristía” nos enseña dónde buscar a Jesús y dónde es probable que lo veamos actuando en nuestras vidas. Lo vemos en presencia, sacrificio y comunión. Experimentamos la presencia de Dios en la creación, en las Escrituras, en los momentos de silencio y en la presencia de los demás, especialmente los más necesitados. Lo vemos en los sacrificios que otros hacen por nosotros, aquellos que valoramos profundamente y también aquellos que damos por sentado. Y lo vemos en la comunidad que Él reúne, tanto en aquellos con quienes compartimos experiencias de vida similares como en aquellos que son diferentes a nosotros.

Creo que por eso Santa Madre Teresa de Calcuta priorizó la Misa diaria y la hora santa para sus Misioneras de la Caridad. Es posible que la Eucaristía haya sido el secreto de cómo ella misma fue capaz de ver a Jesús en los más pobres entre los pobres. También podría ser la fuente de la oración que la Madre Teresa compartía tan a menudo, aquella en la que marcaba el ritmo de las palabras ‘Lo hiciste por Mí’ con sus dedos.

Lo que está claro es que, si queremos ser como Cristo en esta tierra, primero debemos aprender a verlo. No debería ser tan difícil como puede parecer, porque Él está aquí. De hecho, está en todas partes. Cristo Jesús cultiva la vida entre los muertos y en todos los cementerios de nuestra vida.

Jesús siempre permanece con nosotros. Nos acompaña en los momentos de confusión y desilusión, nos aclara verdades que pensábamos comprender, nos llama desde la orilla del mar y nos da de comer cuando tenemos hambre. También está presente en nuestros momentos de vergüenza y soledad, detrás de las puertas cerradas que tememos abrir. Él llena de paz nuestras almas, perdona nuestros pecados y nos enseña a perdonarnos mutuamente.

Además, él está de manera especial en el Santísimo Sacramento del altar. Y debido a que nunca nos ha abandonado, porque la Eucaristía es su cuerpo, sangre, alma y divinidad, podemos decir junto con todos los que nos han precedido en la fe: “He visto al Señor”.

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Jaymie Stuart Wolfe es una pecadora, convertida al catolicismo, escritora y editora independiente, música, conferencista, amante de las mascotas, esposa y madre de ocho hijos adultos, que disfruta de la vida en Nueva Orleans.

Father Dave Dwyer and Cardinal Dolan talked about the ordination of seven of our Archdiocese of New York priests and the Eucharistic Revival pilgrimage that went through the Archdiocese this weekend.

By:

Cardinal Timothy M. Dolan

01:41
This past Tuesday night, the high school came together to celebrate student success and the school’s 100% acceptance rate into four-year colleges. Cardinal Dolan even stopped by to give his best wishes.

By:

Patrick Grady

03:52
El 24 de mayo la Escuela Secundaria Cardenal Hayes en el Bronx recibió a la Peregrinación Eucarística Nacional para una noche de adoración bilingüe, la cual fue celebrada por el obispo Joseph Espaillat, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de NY.

By:

Fernanda Pierorazio

Cardinal Timothy Dolan (center right) celebrates Mass for the 125th anniversary of St. Philip Neri in the Bronx, joined by Auxiliary Bishop Joseph Espaillat (right) and Father Daniel O'Reilly (left) current pastor of St. Philip Neri.
Cardinal Timothy Dolan (center right) celebrates Mass for the 125th anniversary of St. Philip Neri in the Bronx, joined by Auxiliary Bishop Joseph Espaillat (right) and Father Daniel O'Reilly (left) current pastor of St. Philip Neri. Photo: Steven Schwankert/The Good Newsroom
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