A 25 años del 11-S, la fe impulsó a inmigrantes hispanos a servir
By: Buenas Noticias
Tras el 11 de septiembre, muchos inmigrantes encontraron en la fe la fuerza para servir en medio del dolor. En Ground Zero, su trabajo y entrega se convirtieron también en una expresión de fe y solidaridad
Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la memoria de aquella tragedia sigue ligada a las Torres Gemelas, a los casi 3.000 hombres y mujeres que perdieron la vida, entre ellas hispanos y latinos, y a los bomberos, policías, paramédicos y otros trabajadores que acudieron a ayudar.
Pero hay otra parte de esa historia que con frecuencia recibe menos atención: la de los inmigrantes que, en los días y semanas posteriores a los ataques, llegaron al Bajo Manhattan para hacer trabajos difíciles y, muchas veces, invisibles.
Entre ellos había numerosos hispanos y latinos. Algunos habían llegado recientemente a Estados Unidos buscando trabajo. Otros tenían una situación migratoria incierta. Limpiaron calles y edificios, retiraron escombros, ayudaron a negocios afectados y participaron en las labores que poco a poco permitieron que el área comenzara a recuperar cierta normalidad.
Tiempo después, muchos de quienes estuvieron expuestos al polvo y a las sustancias liberadas tras el derrumbe de las torres enfrentaron problemas de salud y dificultades para obtener atención médica y compensación, debido a su situación migratoria.
Para muchos de esos inmigrantes católicos, aquella experiencia estuvo acompañada por algo que ya formaba parte de sus vidas: la fe.
Una comunidad que quiso ayudar
Después de los atentados, las iglesias de Nueva York se convirtieron en lugares de oración, descanso y ayuda. Para muchas familias hispanas que viven diariamente la fe, encontraron en las parroquias un espacio para reunirse, rezar por las víctimas y acompañar a quienes habían perdido a familiares, amigos o su fuente de trabajo.
Mientras que, en los días posteriores al ataque, miles de personas llegaron de diferentes lugares para colaborar en las labores de rescate, recuperación y limpieza. Entre quienes trabajaron allí había inmigrantes que, aunque tenían sus propias preocupaciones y familias a las que mantener, decidieron presentarse y ayudar, siendo para muchos de ellos una manera de poner en práctica su fe.
La fe también se vive sirviendo
Después del 11 de septiembre, la fe adquirió un significado aún más importante para muchas personas.
La Iglesia de San Pedro (St. Peter’s Church), una de las parroquias católicas más antiguas de Nueva York y ubicada cerca del World Trade Center, se convirtió en uno de los lugares donde trabajadores de emergencia podían encontrar comida, descanso y un momento de oración.
El personal y los voluntarios de la parroquia mantuvieron sus puertas abiertas mientras bomberos, policías y otros trabajadores de emergencia se enfrentaban a las consecuencias de los atentados. Entre ellos estaba William Alvarado, gerente de mantenimiento de la iglesia.
También hubo sacerdotes y religiosos que acudieron a la zona para acompañar a los equipos de rescate, ofrecer oraciones y brindar apoyo espiritual. Para los numerosos trabajadores latinos que participaban en las labores, poder recibir ese acompañamiento en español fue especialmente significativo.
Caridades Católicas de Nueva York también estuvo presente para ayudar a los trabajadores inmigrantes que perdieron su empleo, como los que trabajaban en el restaurante World de la torre norte.también estuvo presente para ayudar a los trabajadores inmigrantes que perdieron su empleo, como los que trabajaban en el restaurante World de la torre norte.
Gracias a la donación de fondos de esta organización se creó el restaurante Colors, en el Bajo Manhattan, donde esos desempleados pudieron volver a trabajar. La organización también ofreció servicios para que las familias hispanas pudieran cubrir los gastos funerarios de sus familiares fallecidos.
Sonia Agron: ayudar para volver a creer
Una de esas historias es la de Sonia Agron. Su esposo, José Agron, era policía de Nueva York y trabajó en la zona después de los atentados. Sonia tuvo que esperar hasta el 12 de septiembre para saber que había sobrevivido.
Agron, que tenía entrenamiento como técnica de emergencias médicas, decidió entonces utilizar sus conocimientos para ayudar. Durante semanas trabajó como voluntaria de recuperación con la Cruz Roja en Ground Zero.
“Después del 11-S, durante esas semanas perdí la fe en el mundo. No podía mirar a nadie en el tren. Era paranoia. Pero al venir aquí, recuperé la fe en la humanidad”, dijo Agron. “Tenía que hacer el turno de noche. Mientras tanto, mi marido estaba aquí para los turnos de día”, dijo Agron en una entrevista al 9/11 Memorial Museum, en el que trabaja como una vez a la semana como guía voluntaria del museo desde 2014, al mismo tiempo que su esposo ha empezado a colaborar como voluntario en el servicio de atención al visitante.