De servir a transformar: voluntarios que están cambiando sus comunidades en Nueva York

| 09/29/2026

By: Buenas Noticias

En este Mes de la Herencia Hispana, destacamos el trabajo de los hispanos que, a través del voluntariado, se convierten en testigos de esta caridad divina

Voluntarias apoyan a comunidades de Port Chester y ciudades aledañas organizando y repartiendo alimentos en el Centro Comunitario Don Bosco.
Voluntarias apoyan a comunidades de Port Chester y ciudades aledañas organizando y repartiendo alimentos en el Centro Comunitario Don Bosco. Foto: The Good Newsroom

“¿Qué impulsa a un voluntario a dedicar su vida a los demás?”, preguntaba san Juan Pablo II, en su mensaje a los voluntarios del mundo, de diciembre de 2001, con motivo de la declaración del Año Internacional del Voluntariado: “Ante todo, el ímpetu innato del corazón, que estimula a todo ser humano a ayudar a sus semejantes. (…) El voluntario siente una alegría, que va más allá de la acción realizada, cuando logra dar gratuitamente algo de sí a los demás”, añadió el sumo pontífice de aquel entonces.

En las parroquias de la Arquidiócesis de Nueva York, existen numerosos ejemplos de cómo ese ímpetu innato del corazón y la alegría de dar algo de sí a los demás transforman comunidades, áreas y la vida misma de la parroquia o comunidad, que se alimentan física y espiritualmente gracias al trabajo incansable de los voluntarios.

Historias como la de Zahra Jafari, quien tan solo dos meses después de recibir comida del banco de alimentos del Centro Comunitario Don Bosco, decidió devolver un poco de lo que había recibido. “Cuando empiezas a hacer voluntariado, puede ser un poco difícil porque quizás no recibes dinero o algo a cambio, pero emocionalmente recibes muchísimo. Te limpia el alma. Y cuando vienes aquí y ves las caras de las personas que piden ayuda, cuando están felices y están riendo, y ves sus rostros, sientes: ‘Oh, hice un gran trabajo. Soy parte de un trabajo que ayuda a la sociedad’, y te sientes realmente maravillosa”, aseguró Jafari. 

Jafari es una de las al menos 70 voluntarias y voluntarios que trabajan en distintos programas del Centro Comunitario Don Bosco, ubicado en Port Chester, Nueva York, que alimenta a al menos 23,000 personas cada año y funciona como “refugio de esperanza, dignidad y oportunidades, arraigado en la fe, para niños, familias y adultos de Port Chester y las comunidades aledañas”, según su sitio web. 

El servicio del voluntario transforma vidas

“A mí me ha cambiado la vida”, comentó Carmen López, tras 10 años de manejar el programa de voluntariado del Centro Comunitario Don Bosco, que además del banco de alimentos, ofrece ropa, ayuda a las personas a buscar trabajo, da charlas espirituales o de salud mental y entrega comida en “unidades móviles” a las personas de la tercera edad que no pueden salir de sus casas.

Otra de las voluntarias del Centro Don Bosco, Norma Martínez, lleva 18 años colaborando. Para ella, el cambio más trascendental es ver que cada vez más personas asisten al centro y que, al mismo tiempo, siguen llegando donaciones. Esto permite que las familias de Port Chester puedan subsistir gracias a la comida que pueden obtener cada sábado en Don Bosco. “La gente tiene mucha necesidad, demasiada, pero ya con lo que llevan, aunque sea una cosita, una cebolla o un tomate, pueden resistir la semana. Y es algo muy lindo ser voluntaria, porque cuando ves te preocupas más por los demás que por ti”, dijo Martínez.

Por su parte, Jessica Pineda, quien tiene apenas cuatro meses siendo voluntaria en Don Bosco, aseguró que decidió hacerlo porque vio la necesidad de ayudar a los demás, de conectar con las personas y sentir que hacía algo bueno por la comunidad: “Creo que es muy útil porque hoy en día los alimentos están muy caros, así que creo que es de mucha ayuda. Mi novio y yo tenemos dificultades día a día, a veces el sueldo no alcanza, así que creo esto ayuda a las personas que más lo necesitan”, comentó.

“Si no hubieran voluntarios, no podríamos hacer todos estos programas y llevar toda esta ayuda a las personas que realmente la necesitan. Yo creo que una experiencia como esta te ubica y te hace dar gracias a Dios por lo que tienes. Espero que los jóvenes, principalmente los jóvenes de 30 años, se acerquen a actividades como esta y vean la realidad del mundo y cómo ellos pueden ayudar a cambiarla”, añadió Carmen. 

Voluntarios impulsan cambios espirituales 

El trabajo de los voluntarios alimenta físicamente a Port Chester y comunidades cercanas, pero a pocas millas, en la Parroquia Holy Name, ubicada en el Alto Manhattan, los voluntarios han sido testigos de un cambio en la vida espiritual de la parroquia y de las familias que están en proceso para que sus hijos reciban la primera comunión o la confirmación.

Marbin Mondragón, fue parte de este cambio. Cuando sus hijos se inscribieron en las clases de catecismo y ella, a pesar del temor de no estar preparada para que sus hijos se involucraran más en la fe, tomó la decisión de implicarse de lleno. Empezó ofreciendo sus manos para ayudar a organizar los materiales, luego para preparar “el cafecito” que se le ofrecía cada domingo a los padres y, por último, sugiriendo que los padres deberían estar más involucrados en la formación de la fe de sus hijos.

Sin saberlo, su inquietud coincidió con un cambio que el pastor de Holy Name tenía en mente desde hacía algún tiempo: “Cuando empezamos el catecismo solo apoyaban tres personas, entonces dije yo, bueno, no se dan abasto. Me acerqué a la encargada le dije: ‘no sé hacer prácticamente nada, pero tengo voluntad de ayudar con algo’ (…) Más tarde, me acerqué al padre George Sears y le dije que yo no estaba muy de acuerdo en que los padres viniéramos a dejar a los niños y luego irnos, porque considero que la educación debe comenzar con nosotros. Si tenemos padres educados, vamos a tener hijos educados”, mencionó Mondragón, quien junto a sus dos hijos menores sirve en esta comunidad.

Así fue como el padre George Sears, que fue pastor de Holy Name entre 2021 y 2025, inició un cambio que perdura hasta hoy. Se trata de involucrar a toda la familia, no solamente al niño o niña que se va a preparar para el sacramento, sino también a sus padres en una catequesis familiar que se brinda una vez al mes en forma de retiro. Esta catequesis se  complementa con un programa de formación semanal, revisada por los sacerdotes continuamente, que los niños y padres ponen en práctica desde sus casas, de acuerdo al reverendo Carlos Limongi, actual pastor de Holy Name.

“Normalmente en el día del retiro los niños aprenden junto con sus padres. A los padres se les abren los ojos y se les abre la mente especialmente a lo que es la fe. Y los voluntarios ayudan bastante porque ellos también han pasado por el programa. Los voluntarios se han quedado aquí porque vieron el fruto que eso daba, vieron cómo ellos pudieron crecer en su fe. Ahora sienten ese deseo de querer devolver un poquito de lo que se les dio”, explicó el reverendo. 

Según el padre Limongi, el hecho de que la catequesis familiar sea una vez al mes no quiere decir que sea menos intensiva, todo lo contrario, ya que los niños siguen un programa más extenso, que es revisado semanalmente por los sacerdotes. Durante el retiro familiar, se profundiza aún más, pero para que todo esto funcione, el rol de los voluntarios es vital. 

“Los sacerdotes no podemos estar en todos lados, a veces nos toca movernos de una parroquia a otra. Pero los voluntarios y la comunidad son los cimientos de la parroquia. Y para ver que su parroquia crezca y dé los frutos que el Señor quiere para su Iglesia, para su comunidad, deben permanecer sirviendo a la comunidad. Ese es el ejemplo que da el trabajo de los voluntarios, especialmente a los jóvenes, esa visión de que ellos también pueden servir”, comentó el padre Limongi.

Para Silvia Martínez, catequista en Holy Name, hacer este voluntariado y, sobre todo, fortalecer su fe le ha ayudado a superar momentos difíciles en su vida personal. “Hago un llamado a todas las personas que sientan esa inquietud o ese deseo, que vengan, que ayuden, que la Iglesia nos necesita, y nos necesita mucho”, dijo Martínez.

“Yo empecé como monaguilla, actualmente también ayudo en la cocina. Al inicio tenía mucho miedo, pero siento una paz cuando estoy aquí, me siento alegre, ni siquiera me siento cansada. Invito a todas las personas que se acerquen a sus iglesias a ayudar, pues la Iglesia necesita muchas manos para hacer todo el trabajo en la comunidad”, compartió Celusita Álvarez, otra de las voluntarias de Holy Name. 

La Oficina de Prensa de la Santa Sede da a conocer un boletín de los médicos tratantes del Papa: "ha comenzado a caminar por la habitación. Ha retomado su alimentación habitual".

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