Félix Varela, un constructor de puentes entre fe, cultura y libertad
By: Vatican News
El 9 de julio se publicó la primera edición italiana de “Félix Varela. Una biografía”, escrita por Carlos Manuel de Céspedes
La primera biografía en italiano del sacerdote cubano —publicada por la Libreria Editrice Vaticana— ofrece el retrato de un patriota y un pensador moderno capaz de guiar a la sociedad cubana del siglo XIX hacia una conciencia nacional, y de un sacerdote que contribuyó a la creación de una Iglesia para los pobres, donde todos tenían cabida. Una conversación con el arzobispo Vincenzo Paglia para redescubrir su legado.
“Un hijo ilustre de esta tierra es el padre Félix Varela y Morales”, así rindió homenaje san Juan Pablo II al sacerdote e intelectual cubano que vivió a principios del siglo XIX, llamándolo, durante un discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en enero de 1998 , “la piedra angular” de su nación. Varela es una figura, hoy más que nunca, de extraordinaria relevancia, pues representó una síntesis perfecta de fe, cultura y compromiso cívico.
La biografía, escrita por Carlos Manuel de Céspedes , profesor del seminario diocesano de La Habana, director de la Secretaría General de la Conferencia Episcopal Cubana y vicario general de la archidiócesis de la capital, contiene el prólogo editado por el arzobispo Vincenzo Paglia , presidente emérito de la Academia Pontificia para la Vida, con quien exploramos la historia y el valor del misionero procedente de la isla caribeña.
El patriota que forjó la conciencia de Cuba
“La relación entre Varela y la sociedad cubana es muy profunda”, afirma monseñor Paglia. “El sacerdote fue una especie de fundador de la cultura nacional a través de sus obras y escritos”, explica, “delineando una identidad profundamente ligada a una fe que se expresaba en un nuevo humanismo, donde la primacía de la conciencia era suprema y la condena de la esclavitud y la necesidad de independencia eran fundamentales”.
Gracias a su incansable compromiso cívico y su atención a las cuestiones sociales, el padre Varela fue, como observa Paglia en el prefacio, “un creyente que vivió en el contexto histórico”, en una época de profundos cambios políticos y sociales que sacudieron Latinoamérica y moldearon el rumbo del catolicismo en el continente. No es casualidad que su obra pueda describirse como “civilizadora”: sacerdote ejemplar, “patriota íntegro” y “el primero que nos enseñó a pensar”, Varela fue capaz de renovar los métodos pedagógicos y la enseñanza de la filosofía, la teología, el derecho y la ciencia, en una síntesis donde fe y cultura se convierten en dimensiones inseparables.
Un misionero entre los pobres y los inmigrantes
Por encima de todo, a lo largo de su vida trabajó incansablemente por la unidad de su pueblo, fiel a una verdadera vocación misionera. Primero en Cuba y luego en Nueva York —donde se vio obligado al exilio tras la condena de sus ideas vanguardistas por parte del gobierno español—, promovió “energías de libertad, enseñando el amor y conmoviendo los corazones para que eligieran a los pobres como sus primeros compañeros de camino”, escribe Paglia.
Fue en la metrópolis estadounidense donde Varela vivió su ministerio sacerdotal con renovada intensidad. Se dedicó especialmente a ayudar a los inmigrantes, sobre todo a los irlandeses, contribuyendo a la creación de un sistema de asistencia social y caritativo sin precedentes en Estados Unidos en aquel entonces. Estaba convencido de que una Iglesia abierta a la comunidad, con el Evangelio como eje central de su misión, podía dar lugar a una sociedad más justa y solidaria. Una Iglesia al servicio de los pobres, que no solo son “el principio y la escuela de la misericordia”, sino también, añade Paglia, “los primeros profetas”.
Un pensador adelantado a su tiempo
Pensador moderno, Varela fue también un incansable constructor de puentes entre polaridades aparentemente irreconciliables. En este sentido, monseñor Paglia recuerda que en Nueva York, “la parroquia de Varela era interétnica e intercultural”. Allí, el misionero logró armonizar la diversidad, “creando una comunidad plural y anticipándose a las exigencias del siglo XX, en el que, con razón, se fomenta la interacción entre culturas”.
Un “profeta” para un mundo dividido
El padre Valera, testigo de un vínculo entre las Américas, dejó un legado poco conocido que merece ser redescubierto: “En el mundo contemporáneo, donde a menudo nos enfrentamos a formas increíbles de violencia y peligrosas divisiones políticas”, señala Paglia, “Varela representa la posibilidad de la unidad”. Además, en su época, “el padre misionero no pertenecía a ninguno de los dos bandos, sino que era un sacerdote verdaderamente católico, es decir, universal”.
“Su profecía”, concluye Paglia, “es particularmente brillante e incisiva, porque refleja el mensaje del Evangelio, que no divide sino que une, respetando las diferencias individuales”. Un mensaje, por lo tanto, de extraordinaria relevancia, que acerca a Félix Varela a León XIV y a su predecesor Francisco: “tres testigos americanos que invitan a las Américas a un nuevo entusiasmo por una vocación misionera que pone la fe al servicio de una sociedad fervientemente arraigada en el Evangelio”, especialmente en un mundo marcado por crecientes tensiones, conflictos y desigualdades sociales.