¿Qué ocurre durante una beatificación?

| 09/24/2026

By: OSV News

Milagros, diócesis locales y la evolución del papel del papa en la beatificación de una persona

Una pancarta de la hermana María Agustina Rivas López, de la Congregación del Buen Pastor, cuelga de la iglesia durante la Misa de beatificación celebrada el 8 de mayo de 2022 en La Florida, en la región amazónica central de Perú, donde fue asesinada por terroristas en 1990. (Foto CNS/Kurth Mendoza, Conferencia Episcopal del Perú)
Una pancarta de la hermana María Agustina Rivas López, de la Congregación del Buen Pastor, cuelga de la iglesia durante la Misa de beatificación celebrada el 8 de mayo de 2022 en La Florida, en la región amazónica central de Perú, donde fue asesinada por terroristas en 1990. (Foto CNS/Kurth Mendoza, Conferencia Episcopal del Perú)

OSV News) — Las beatificaciones constituyen un hito fundamental en el proceso de canonización. La palabra latina “beatus”, título que recibe la persona en cuestión al ser beatificada, significa “bienaventurado” o “feliz”. De esta misma palabra proviene el nombre de las Ocho Bienaventuranzas, que ocupan un lugar central en el Sermón de la Montaña de Jesús y que san Agustín describió como “la carta magna perfecta de la vida cristiana”, o bien, como un verdadero camino hacia la santidad.

La beatificación es un acto pontificio por el que la Iglesia declara que es digno de creerse que la persona beatificada goza de la visión beatífica; es decir, que está en el cielo porque fue asesinada “in odium fidei” (“por odio a la fe”) como mártir, vivió una vida de virtud heroica u ofreció generosamente su vida para preservar la vida de otras personas.

¿Qué significa “beatificación”?

La beatificación es la etapa previa a la canonización en el proceso mediante el cual el papa proclama solemnemente y de manera definitiva que una persona está verdaderamente en el cielo. La beatificación llega después de un largo proceso jurídico en el que se investigan minuciosamente la vida, la reputación y los escritos de la persona.

Aunque este proceso culmina con la canonización, antes de la beatificación deben superarse dos grandes etapas. Una vez finalizadas todas las fases de la investigación, la persona es declarada “venerable”, lo que significa que el papa reconoce que las virtudes que practicó a lo largo de su vida son dignas de ser imitadas por los fieles y que la persona es digna de veneración.

Salvo en el caso de los mártires, la beatificación solo puede tener lugar después de que haya ocurrido un milagro, que haya sido documentado y sometido a una rigurosa investigación. También se requiere un milagro para la canonización, incluso en el caso de los mártires, aunque en algunas ocasiones el papa ha dispensado de este requisito.

Los procesos de canonización comienzan con un enfoque local. La devoción y veneración hacia una persona comienzan primero entre quienes la conocieron personalmente o conocieron su reputación. La fama de su santidad y de su poder de intercesión –o la fama de su martirio– se extiende gradualmente, primero a nivel regional y luego universal. Por esta razón, las beatificaciones suelen celebrarse en el ámbito local y estar presididas por un representante del papa, mientras que las canonizaciones generalmente se celebran en Roma y siempre son presididas por el propio papa.

Una breve historia de la beatificación

Antes del siglo XI, las Iglesias locales se encargaban de regular el reconocimiento y la veneración de hombres y mujeres considerados santos. Por lo general, los obispos diocesanos, de manera individual o conjunta, investigaban y aprobaban el “cultus” de una persona. A medida que el papado medieval fue ampliando su autoridad, las canonizaciones pasaron a estar reservadas al papa, algo que quedó formalizado en 1234 bajo el pontificado del papa Gregorio IX. Posteriormente, la Santa Sede permitió una veneración local limitada de ciertas personas que aún no habían sido canonizadas. Cuando Benedicto XIV perfeccionó los procedimientos de canonización en el siglo XVIII, muchas de las personas que ya eran veneradas localmente fueron reconocidas como beatos.

En 1971, con la ceremonia de beatificación de Maximiliano Kolbe, el papa Pablo VI se convirtió en el primer papa en presidir personalmente una beatificación. Lo hizo también en varias ocasiones más. El papa Juan Pablo II presidió regularmente las beatificaciones, muchas veces en el ámbito local durante sus viajes pastorales, y esta práctica continuó durante todo su pontificado.

Esta novedad introducida después del Concilio Vaticano II hizo que la diferencia entre beatificación y canonización fuera menos clara. En 2005, el papa Benedicto XVI quiso recuperar el enfoque más tradicional de la Iglesia y que un representante presidiera las beatificaciones en nombre del papa. Hubo dos razones para ello: distinguir con mayor claridad entre beatificaciones y canonizaciones y, al mismo tiempo, involucrar más directamente a las Iglesias locales. El papa se reservó la posibilidad de presidir una beatificación, ya que esta siempre constituye un acto pontificio.

Beatificación vs. Canonización

Mientras que mediante la canonización el papa proclama de manera inequívoca que una persona está en el cielo, la beatificación tiene como objetivo específico autorizar oficialmente el culto público de una persona cuyas virtudes heroicas o cuyo martirio han sido reconocidos formalmente.

Una persona beatificada puede recibir veneración pública y ser celebrada litúrgicamente únicamente cuando la ley lo permite. Mientras que los santos canonizados pueden ser invocados en las oraciones públicas y oficiales de la Iglesia en todo el mundo, quienes han sido beatificados, siguiendo el carácter local propio de la beatificación, reciben este reconocimiento en un ámbito más limitado o local.

Los beatos reciben culto público en la diócesis o en la orden religiosa en la que se promovió su causa de canonización. Esto incluye su incorporación a los calendarios litúrgicos locales, lo que permite celebrar una memoria litúrgica –comúnmente conocida como su día de fiesta– durante la Misa y en la Liturgia de las Horas, así como exhibir imágenes del beato en una iglesia o dedicar iglesias en su honor

Otras congregaciones o diócesis también pueden solicitar la misma autorización para venerar al beato, especialmente cuando existe algún vínculo con él, como haber residido allí, estar enterrado en ese lugar o, en el caso de quienes gozan de una amplia veneración, pertenecer a esa nación. Las solicitudes para permitir la veneración y la conmemoración litúrgica del beato en estos otros lugares deben recibir la aprobación de la Santa Sede.

Después de la beatificación, también se permite representar al beato con una aureola en obras de arte. Si existen reliquias de primer grado del beato, estas pueden distribuirse para la veneración pública de los fieles.

Si bien actualmente hay tres beatos en el calendario litúrgico de Estados Unidos, en las últimas décadas los obispos estadounidenses han preferido esperar a su canonización antes de incorporarlos al calendario litúrgico.

¿Dónde se celebra una beatificación?

Una beatificación se celebra mediante un rito especial, generalmente en el marco de una Misa, aunque en determinadas circunstancias también puede celebrarse durante la Liturgia de las Horas.

La beatificación debe celebrarse en la diócesis donde se promovió la causa, aunque también está permitido realizarla en un lugar más adecuado dentro de la misma provincia eclesiástica o región. Este es el caso de la beatificación del arzobispo Fulton J. Sheen, prevista para el 24 de septiembre de 2026. Su causa fue promovida por la Diócesis de Peoria, pero la beatificación se celebrará en la ciudad de St. Louis, Missouri, un centro urbano situado a unas dos horas en automóvil hacia el sur.

En casos excepcionales, la Santa Sede también puede decidir que la beatificación se celebre en Roma.

¿Qué sucede en una beatificación?

Cuando la beatificación se celebra durante una Misa, el rito de beatificación tiene lugar entre el acto penitencial y el Gloria.

Primero, el obispo de la diócesis donde se promovió la causa presenta formalmente la solicitud de beatificación al representante del papa. A continuación, se lee una breve biografía de la persona que será beatificada, poniendo un énfasis especial en sus virtudes.

Luego se lee el decreto oficial de beatificación, presentado en forma de una carta apostólica del papa. Por lo general, primero se lee en latín, su idioma oficial, y después en la lengua vernácula. Con esta proclamación pública del decreto, la persona pasa oficialmente a ser contada entre los beatos.

A continuación, se descubre una imagen del nuevo beato, que generalmente aparece representado con una aureola por primera vez. Si se dispone de una reliquia de primera clase o alguna otra reliquia, se presenta al delegado papal, quien suele venerarla con incienso y la adorna con velas y flores.

Después del Gloria, se reza por primera vez la oración colecta propia del culto litúrgico del nuevo beato. A partir de ese momento, la Misa continúa de manera habitual.

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Michael R. Heinlein es autor de “Glorifying Christ: The Life of Cardinal Francis E. George, O.M.I.” (Glorificando a Cristo: La vida del cardenal Francis E. George, O.M.I.) y miembro prometido de la Asociación de Cooperadores Paulinos.

The Church honors saints' remains and belongings as reminders of God's work.

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