Texto completo: Ángelus del Papa León XIV del 22 de marzo de 2026

| 03/22/2026

By: OSV News

Que la Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado

Pope Leo XIV waves as he leads the Angelus prayer from a window of the Apostolic Palace, at the Vatican on March 22, 2026.
Pope Leo XIV waves as he leads the Angelus prayer from a window of the Apostolic Palace, at the Vatican on March 22, 2026. (OSV News/ Vatican Media, Matteo Pernaselci via Reuters)

(OSV News) — A continuación, el texto completo del Ángelus del Papa León XIV, pronunciado el 22 de marzo ante las personas reunidas en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45).

En el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1265). Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11,25-26).

La liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor –la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro– para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.

De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida.

Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes –tiempo, energías, valores, afectos– como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales. Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1).

El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad.

Jesús también a nosotros nos grita: “¡Ven afuera!” (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites.

Que la Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.

–Después del Ángelus–

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo con tristeza la situación en Oriente Medio, así como en otras regiones del mundo devastadas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocados por estas guerras ¡son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana.

Hoy se celebra en Roma el gran maratón, con innumerables atletas procedentes de todo el mundo. ¡Esto es un signo de esperanza! Que el deporte trace caminos de paz, inclusión social y de espiritualidad.

Saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular a los que han venido de la Diócesis de Córdoba, en España.

Recibo con alegría a los fieles de Belluno y Pordenone, de Crotone y de la parroquia de Santa Maria delle Grazie, en Roma. Saludo a los jóvenes de Nave, de la Diócesis de Brescia, al grupo de confirmandos de la Diócesis de Florencia y a los representantes de la Asociación de Directores de Hotel.

¡Les deseo a todos un feliz domingo!

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