“Más que un reconocimiento, es ponerse al servicio”. Así vive monseñor Alberto Lorenzelli SDB su elección como presidente de la Organización Internacional de Educación Católica (OIEC), una responsabilidad que recibe con humildad y que, según reconoce, hunde sus raíces en una vocación que ha marcado toda su vida: la educación.
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago de Chile fue elegido durante la XXII Asamblea General de la OIEC, celebrada en Roma el 20 de octubre de 2026, con la participación de representantes de más de 79 países y miembros asociados. La Asamblea renovó los órganos de gobierno de la Organización para el período 2027-2030 y confirmó a Hervé Lecomte como secretario general para un nuevo mandato de cuatro años.
En diálogo con Vatican News, monseñor Lorenzelli subraya que uno de los principales desafíos de la OIEC consiste en fortalecer la identidad y los proyectos educativos de las instituciones católicas en contextos culturales y sociales muy diversos. “Evangelizamos educando y educamos evangelizando”, afirma, al sintetizar la misión que, a su juicio, debe orientar el trabajo de la Organización.
Una escuela católica presente en las fronteras
La renovación de la presidencia y del Consejo de la OIEC abre una nueva etapa para una red internacional llamada a acompañar a las comunidades educativas en los cinco continentes. Para el prelado salesiano, esta misión adquiere especial relevancia allí donde las condiciones sociales son más difíciles.
La escuela católica, observa, está presente en territorios rurales y también en zonas de conflicto y de guerra, incluso allí donde muchas veces no llega el Estado. En esos escenarios, la Iglesia continúa ofreciendo una propuesta educativa inspirada en los valores del Evangelio.
No se trata únicamente de transmitir conocimientos, sino de sostener una presencia que promueva la dignidad humana y acompañe a niños y jóvenes en circunstancias de vulnerabilidad. La identidad católica, explica, debe expresarse en proyectos educativos capaces de responder a las necesidades reales de las personas y de las comunidades.
Escuchar a los jóvenes y educar desde la humanidad
Durante su estancia en Roma, monseñor Lorenzelli participó también en el Congreso Internacional “Trazar nuevos mapas de esperanza”, promovido por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, donde tuvo lugar un encuentro con el papa León XIV.
Al recordar los desafíos abordados, destaca la necesidad de colocar a la persona en el centro del proceso educativo, sin descuidar la dimensión académica. El aprendizaje, sostiene, se enriquece cuando existe una atención particular a cada estudiante, acompañamiento y escucha.
“Hoy los jóvenes piden ser escuchados”, señala. Por ello, considera fundamental que los educadores no se limiten a ofrecer respuestas prefabricadas, sino que sepan acoger las preguntas, las inquietudes y las críticas de las nuevas generaciones.
En este sentido, recuerda una conversación con un joven que expresó su temor ante una sociedad construida para los adultos y los ancianos, en la que las nuevas generaciones se sienten cada vez menos escuchadas y cargadas de responsabilidades frente al futuro.
Para monseñor Lorenzelli, esta realidad interpela directamente a las comunidades educativas. Escuchar a los jóvenes significa reconocerlos como protagonistas de su formación y no simplemente como destinatarios de respuestas elaboradas por los adultos.
“Tenemos que dar respuestas junto a ellos, pero las respuestas que ellos necesitan, no las que queremos nosotros ofrecerles”, explica.